Posts Tagged ‘aire acondicionado’

Se veía venir. De nuevo a rascarse el bolsillo.bombilla

Septiembre ha cerrado un 17% más caro el precio de la energía, respecto del mes anterior. Es el segundo precio más caro en 5 años. El anterior se produjo en diciembre del año pasado y provocó que la CNMC abriera una comisión de investigación y se anulase la subasta. Esto lo aprovechó el Ministerio de Industria creando un nuevo sistema “innovador” de cálculo de los precios, basados en el precio hora a hora de la energía del día anterior. Este sistema, que deja con el culo al aire al consumidor, que no tiene más remedio que tragar con lo que hay, nos lo vendieron como la panacea para combatir los abusos de las eléctricas a los consumidores.

Y al principio nos fue de lujo. Como llovió mucho e hizo mucho viento, nos vimos favorecidos por una gran oferta de la energía y ¡¡¡hasta nos devolvieron dinero!!!

se agotó la lavadoraSin embargo, la realidad de hoy es que el verano ha sido seco y todo lo que nos dieron se lo vamos a reintegrar con creces. Y lo peor es que se genera una inseguridad brutal para el consumidor y si es una pyme con menos de 10 kW de potencia contratados (esto es, los que tienen una tienda de barrio) que o bien suben los precios, perdiendo competitividad, o bien los mantienen y se “comen” ese gasto, como si ya tuvieran pocos.

Y la OCU dice que esto irá a peor…

¿NO ES EL MOMENTO YA DE EMPEZAR A PLANTEARSE SISTEMAS Y EQUIPOS EFICIENTES?

¿NO ES EL MOMENTO DE DEJAR DE CONFORMARSE CON CAMBIAR DE COMPAÑÍA ELÉCTRICA?

¿NO ES EL MOMENTO DE ASESORARSE Y TOMAR ALGUNA DECISION?

Para cualquier duda al respecto, podéis contar con nosotros.

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Siguiendo con nuestro artículo anterior, en el que indicábamos qué era la eficiencia energética, a grandes rasgos, rescatamos el concepto de dónde empieza la eficiencia energética y qué podemos conseguir con ello.

Partiendo de nuestro axioma, que dice que “eficiencia energética es la relación entre el Máximo Confort con el Mínimo Consumo” o la “Máxima Calidad con el Mínimo Coste”.

En primer lugar, todo parece indicar que lo primero que tenemos que saber es CUANTO gastamos. Los “muchos”, los “pocos”, los “bastantes” y los “demasiados” no son sistemas de medida que nos puedan arrojar un dato lo suficientemente fiable como para establecer una comparativa en el tiempo.

Así pues, la premisa primordial es MEDIR. No importa de lo que estemos hablando. En definitiva, medir se basa en comparar algo con un patrón establecido y en nuestro caso puede ser comparar nuestro consumo mensual con respecto al mes anterior, en parecidas circunstancias de uso.

Generalmente, cuando hablamos de ahorro energético, hablamos de calor, de energía eléctrica, de combustible, de agua.

Para hacernos una idea de lo que consumimos, podemos tomar como referencia de uso estos medidores (que casi todos tenemos en nuestras viviendas). Ellos nos sirven para darnos una idea de la cantidad energética que consumimos en un intervalo determinado de tiempo.

Pero estas lecturas nos indican exclusivamente la cantidad de energía que hemos gastado durante un período de tiempo, pero no nos van a facilitar muchos datos más.

Para conocer datos más profundos requeriremos equipos más sofisticados que nos arrojen algo más de luz sobre nuestro entorno. A título meramente informativo, mostramos algunos de los más usuales utilizados en una auditoría energética.

Generalmente, los equipos de medida con cierta precisión son muy caros para instalar en una instalación individual, aunque en ocasiones se están empezando a comercializar equipos a muy bajo coste (el analizador de redes empotrado en carril DIN, por ejemplo).

Una vez que sepamos lo que consumimos debemos de plantearnos dónde y como reducir nuestro consumo energético. Podemos tomar las siguientes medidas.

  1. Analizar el sector al que nos estamos dirigiendo. No es lo mismo el consumo que hay en una vivienda, que en una oficina o una industria. Las posibilidades de ahorro siempre son distintas, tanto a nivel de sector genérico como de zona climática, pero sobre todo a nivel individual.
  2. Análisis de nuestro consumo, hábitos de consumo y costumbres “poco energéticas”. Equipos de climatización o calefacción encendidos sin ningún tipo de regulación, iluminación excesiva o poco eficiente, sistemas de agua poco eficaces, así como un nulo control de nuestros sistemas provocan un chorreo permanente de gasto energético y, consecuentemente, de dinero.
  3. Promover el ahorro energético con medidas sencillas y de coste ínfimo e incluso nulo. Echarle imaginación, aplicar sentido común. Gestos como subir un grado el termostato de la refrigeración o bajarlo un grado el de la calefacción puede suponer un importante ahorro sin una merma de confort significativa. Flexibilizar el encorsetamiento de corbatas y chaquetas en verano, fomentar la ventilación natural a primera hora de la mañana y última de la tarde (incluso ventilación nocturna) con el fin de reducir la carga térmica de la estancia o edificio.
  4. Analizar nuestra tarifa energética. No siempre tenemos la que más nos conviene, e incluso tenemos contratada más de la necesaria para evitar tener problemas de cortes de luz o de sobrecostes por exceso de potencia. Un histórico de nuestra facturación energética nos ayuda a desvelar algunas claves estacionales de nuestro consumo. No obstante, nos interesa conocer nuestra curva diaria de consumo, para saber dónde y cuando consumimos más y estudiar la forma que hay de poderla reducir. Verifiquemos que los consumos que nos marca la factura son reales y no son solo los que dice la compañía energética.
  5. Evitar los consumos pasivos. Generalmente, un 30-40% de los consumos que se producen suelen producirse en horas de “no utilización”. Es decir, derrochamos energía a mansalva. Es importante monitorizar para conocer qué sistemas están operando y cuando.
  6. Evitar la energía reactiva y los armónicos. La energía reactiva es una energía que no se utiliza. Viene motivada por arranques de equipos eléctricos y electrónicos, como motores, equipos informáticos, fluorescencias, etc. La energía reactiva desvirtúa la calidad de la red, provoca calentamiento de los cables y está fuertemente penalizada por las compañías eléctricas. En cuanto a los armónicos, producen fluctuaciones en la red que pueden llegar a provocar el mal funcionamiento de equipos electrónicos. Debemos “limpiar” nuestra red eléctrica para un mejor aprovechamiento de la misma.
  7. Concienciación, información. Ser realistas de que los costes por consumo energético siempre van a subir. Tomar conciencia de que todo lo que podamos reducir irá en nuestro propio beneficio.

Hacer partícipes a nuestro entorno de nuestros objetivos, nuestros logros, nuestras medidas a tomar. Implicar al personal a nuestro cargo, con información y participación proactiva del personal.

Actualizarse con métodos y recursos a implementar. Pequeños “trucos” para reducir energía, sopesar la posibilidad de implantar energías renovables, controlar y sistematizar nuestros sistemas.

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Desde que habilitamos esta bitácora, nunca habíamos hablado de forma sencilla y amena sobre nuestra labor: la eficiencia energética.

Hoy queremos tocar un poco el por qué de la eficiencia, qué es y para que sirve y que, en contra de lo que mucha gente cree, la eficiencia energética puede ser económica y sobre todo rentable. En posteriores entradas abundaremos más sobre algunos temas, pero como toma de contacto es importante contar con unos conceptos sencillos y claros.

Corren tiempos en los que, lamentablemente, el impulso económico de este país no llega y parece que únicamente consiguiendo abrir mercado lograremos salir de este bache. Pero no hay que olvidar que en cualquier cuenta de resultados, ya sea la de Microsoft, como la de Pepín Pobrete, el principio del beneficio es el mismo. Beneficio es la diferencia entre el ingreso y el gasto.

Así pues, puedes obtener el mismo beneficio ingresando 100 y gastando 70 (beneficio de 30) que ingresando 70 y gastando 40 (beneficio de 30). Lo ideal sería un ingreso de 100 y un gasto de 40, ese debe ser nuestro objetivo.

Tenemos la falsa idea que la energía y el agua son fáciles de conseguir, pues no tenemos más que abrir el grifo para que salga agua, si lo giramos a la izquierda además la obtendremos caliente, y que enchufamos la tele y tenemos electricidad. Pero el proceso de generación, transporte y distribución de la energía es mucho más complejo que todo esto.

El modelo energético actual, eso no se le escapa a nadie, está abocado a un estrepitoso fracaso. Somos conscientes de que hay escasez de petróleo, de que no tenemos demasiada agua y de que, cada dos por tres, nos suben el recibo de la luz.

Además, el coste medioambiental que esto supone es gravísimo, somos parte responsable del cambio climático, del calentamiento global y de la polución masiva en las ciudades, hipotecando el futuro de las próximas generaciones por un mal interpretado confort.

Es algo está en nuestra conciencia, pero de forma muy amortiguada, como si no quedase otro remedio que asumir el coste que hay y que, si queremos seguir con nuestro actual ritmo de vida, estamos obligados a consumir esa energía.

La tecnología actual y los conocimientos adquiridos hacen que podamos tener ese “bienestar” sin necesidad de derrochar energía.

El concepto de la eficiencia energética es el siguiente: se trata reproducir luz o calor o frío necesarios, con un consumo mínimo de combustible es decir sacar el máximo partido posible de la energía.

Es habitual pensar que para cubrir nuestras necesidades necesitamos una cierta cantidad de kWh o de m³ de gas natural, pero eso no es cierto. Lo que en realidad necesitamos es agua caliente para ducharnos, luz para poder leer el periódico tranquilamente a una temperatura confortable.

Podemos leer el periódico de igual forma con una lámpara incandescente que con una de bajo consumo, o con un fluorescente, o una lámpara LED. El efecto es el mismo, leer el periódico, el coste que nos producirá será menor en función de la tecnología que empleemos. En eso consiste la práctica de la eficiencia energética: empezamos por considerar nuestras necesidades y luego estudiar como pueden ser satisfechas con el menor gasto posible energía de fósil.

Desde Ephícere entendemos la eficiencia energética con una simple relación.

 

 

 

La eficiencia, como veremos en posteriores entradas, puede ser aplicada en todas las facetas de nuestra vida, no solo en el ámbito laboral o en el doméstico. Una puerta mal cerrada puede producirse en una oficina, un taller, una casa, un comercio, un cuartel o una iglesia. El efecto siempre es el mismo. El calor va a donde no debe. En verano se nos cuela y en invierno se nos escapa.

La labor de Ephícere en este sentido es precisamente conocer DONDE se están produciendo los derroches energéticos y PONERLES REMEDIO a precio razonable, en ocasiones con medidas gratuitas (no sabéis la cantidad de hábitos, soluciones y medidas que se pueden tomar o cambiar con un coste ínfimo o sin coste alguno).

De eso se trata. De sacarle partido a nuestros equipos, de implementar soluciones y hábitos que hagan que nuestra facturación energética se vea reducida de forma drástica y nos libere un poco del ahogo que cada fin de mes sufrimos en nuestra economía.

SER RESPONSABLES DE NUESTRO CONSUMO ENERGÉTICO NOS AYUDA A NO DETERIORAR MAS EL MEDIO AMBIENTE, NOS AHORRA DINERO Y NUESTROS EQUIPOS DURAN MAS.

¡¡¡TODO VENTAJAS!!!

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Llega el calor, y con él nuestros precios de consumo eléctrico motivados por el uso de equipos de acondicionamiento de aire.

Con la intención de intentar minimizar el impacto que esto supone en la factura de la luz, avanzamos algunos consejos para sacarle más rendimiento a nuestra instalación.

En primer lugar y como consejo para todos, es recomendable el uso del ventilador. El movimiento de aire provoca sensación de frescor, de hasta un 5% de la temperatura que hay en el recinto. Hacerlo a primera y última hora de la tarde puede suponer arrancar los equipos de climatización más tarde.

Si aún no has adquirido un equipo de aire acondicionado, recomendamos decantarse claramente por un equipo cuya etiqueta energética se A+ o A++. Estos equipos suelen ser un poco mas caros pero a la larga resultan mucho más rentables que otros con otra calificación energética más baja.

Los equipos con denominación “INVERTER” tienen la ventaja de ir dotados de dispositivos de velocidad variable, que permite que el equipo disminuya su potencia frigorífica para adecuarla a las condiciones requeridas en el momento, sin ocasionarle una pérdida de rendimiento significativa, evitando de este modo paradas de funcionamiento y posteriores arranques del compresor, que son los que motivan principalmente los picos de consumo del sistema.

Una vez adquirido el equipo, resulta recomendable que sea instalado en la fachada cuya influencia del sol sea la menor posible (preferentemente en la fachada orientada al norte) o protegerlo de los rayos del sol que puedan incidir directamente en él). De este modo el salto térmico será menor y la potencia necesaria disminuirá.

Ajustar el termostato a una temperatura no inferior a 25º C. La diferencia de temperatura entre el interior y el exterior no debe ser mayor de 12º C, con peligro para la salud, ya que el contraste que supone para el cuerpo humano el tener que adaptar sus condiciones a dos ambientes tan diferenciados pudiendo causar trastornos. Además, el consumo aumenta un 10% por cada grado de temperatura, esto es, cada grado menos de temperatura supone un incremento de consumo de un 10%.

Limpieza periódica de los filtros. La acumulación de polvo y suciedad facilita la aparición de gérmenes y obliga al ventilador a trabajar por encima de lo necesario, forzando su funcionamiento y aumentando el consumo energético. La limpieza es muy sencilla, tan solo con agua y se debe realizar al menos una vez o dos al mes.

Si el equipo dispone de funciones de encendido y apagado automático y otras funciones que contribuyan a aumentar el confort y el ahorro energético, utilícelas. ¡¡Sáquele el máximo partido a su equipo!!

Mantener el termostato alejado de fuentes de calor, como pueden ser lámparas incandescentes, etc. Evitar que los rayos del sol incidan en el termostato para evitar que opere con lecturas falsas, desvirtuando su funcionalidad.

Refrigerar las estancias a primera y última hora del día con ventilación exterior, abriendo puertas y ventanas. Es gratis y colabora para conseguir el enfriamiento de los elementos de la estancia que, al tener mayor inercia térmica, más tardarán en calentarse cuando empiece la sala a coger temperatura.

Evitar que el aire acondicionado esté encendido mientras están abiertas las ventanas y las puertas. Desconectar el aire acondicionado cuando no haya nadie en la estancia durante periodos superiores a 5 o 10 minutos.

Disfrutemos con cabeza.

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